Cuadernos de Seguridad ha publicado el artículo que he elaborado junto a Anna Almécija, criminóloga y jurista, sobre uno de los retos que creo que el sector de los eventos todavía no está abordando con suficiente profundidad: el impacto de los fenómenos meteorológicos extremos sobre la seguridad en las grandes concentraciones públicas al aire libre.
Durante años, la meteorología fue un condicionante menor en la planificación de la seguridad de eventos. Una lluvia, un poco de viento, una tormenta de verano: factores a gestionar, pero raramente determinantes. Eso ha cambiado.
El incremento de fenómenos meteorológicos extremos, asociado a las variaciones climáticas globales, está convirtiendo el tiempo en un elemento capaz de alterar por completo la dinámica de un festival, una celebración multitudinaria o un concierto de gran formato. Y los planes de seguridad, en demasiados casos, aún no han incorporado ese cambio.
En el artículo repasamos algunos de los casos más representativos de los últimos años:
El Burning Man 2023, donde lluvias históricas transformaron el desierto de Nevada en un lodazal intransitable que dejó aisladas a decenas de miles de personas y comprometió la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia. El Pukkelpop 2011 en Bélgica, donde el colapso de varias estructuras por viento huracanado causó cinco muertes y más de cien heridos —un incidente que llevó al país a reformular por completo su regulación para estructuras temporales en eventos—. Y el Medusa Festival 2022 en España, donde un reventón cálido generó rachas inesperadamente fuertes que derribaron parte del escenario principal, con un fallecido y decenas de heridos.
También analizamos el caso de Australia, donde el debate ya no es si los eventos deben adaptarse al clima sino la propia viabilidad de algunos formatos ante fenómenos cada vez más frecuentes e intensos.
Por qué importa ahora la meteorología en eventos
Este artículo llega en un momento especialmente oportuno. La temporada de festivales al aire libre en España empieza en pocas semanas. Y la pregunta que los organizadores, los servicios de seguridad y las administraciones deberían hacerse no es solo «¿qué hacemos si llueve?», sino una mucho más exigente: ¿están nuestros planes de seguridad diseñados para fenómenos meteorológicos que superan los históricos?
La normativa vigente establece requisitos mínimos para las estructuras temporales y los planes de autoprotección, pero no siempre contempla escenarios de meteorología extrema con la especificidad que la realidad actual exige. Y la climatología nos dice que esos escenarios serán más frecuentes, no menos.
Dónde leer el artículo completo
El artículo está publicado en Cuadernos de Seguridad, la revista especializada de referencia en el sector de la seguridad en España. La versión íntegra está disponible en la edición digital de la revista a través de Issuu.
Si trabajas en organización de eventos, en seguridad privada o en gestión de emergencias, espero que el análisis sea útil. Si quieres profundizar en alguno de los aspectos que abordamos, puedes escribirme a través del formulario de contacto.







Deja un comentario